El fracaso del REF
José Peñate. enero 29, 2026
Finalizado un año como el 2025 lo primero que me atrevo a decir del mismo es que ha sido sin duda el año de la Z, o aquel en el que asistimos al surgimiento de múltiples revueltas juveniles (desde Nepal a Marruecos, desde Kenia a México, etc.) con cargo a la primera generación de jóvenes nacidos en la era de las redes y la policrisis, mostrando un mapa que recorre el mundo de un extremo a otro cual expresión de descontento.
Algunos afirman que lo ocurrido supone el primer aviso a navegantes sobre el sentir de una generación desolada ante un mundo deteriorado, que anda envejeciendo a pasos agigantados y que se piensa puede condenar a las nuevas generaciones al desamparo. Al menos algo así es lo que nos dice el último Barómetro Edelman, presentado durante el reciente Foro Económico de Davos. De acuerdo con el mismo ya pocas son las personas en el mundo (apenas un 32%) que creen que las próximas generaciones conseguirán vivir mejor que la anterior.
El INE por su parte aportaba durante el último tercio del 2025 sus últimas estadísticas sobre menores condenados durante el año 2024. Los datos vertidos sobre Canarias son sorprendentes. Según se señala las islas andan situadas, tras Ceuta y Melilla, como aquellos territorios del Estado que lideran las peores tasas de delincuencia juvenil, dando forma a una tendencia muy poco halagüeña, y claramente divergente con la del resto del país. Algo semejante a la que cabría derivar de aquellos datos que a finales de 2025 brindaba igualmente el INE en su última actualización sobre la evolución y estado de la economía de las regiones españolas durante el 2024.
Según parece Canarias se ha situado definitivamente en la cola de las regiones con menor inversión o formación de capital bruto de todo el país. Una mera comparación de la inversión por ocupado en las islas, frente a otras regiones del Estado a lo largo de estas últimas décadas, haría afirmar que el panorama no es muy alentador.

Fuente: INE.
Naturalmente es posible pensar que lo dado en Canarias no dista mucho tampoco de lo acontecido con España frente al conjunto de la UE y ante las mayores economías europeas, al punto de que lo observado bien puede ser parte de un patrón mucho más global, como el que nos presentaba la OCDE en su pasado informe semestral de junio, en el que ponía de manifiesto la pobre inversión empresarial que aqueja al conjunto de las economías tras la gran crisis financiera del 2008. De ahí que no extrañe que al final el pillaje y la revuelta puedan terminar por convertirse en toda una seña de identidad de la nueva era, al menos para los territorios menos afortunados de los que parece suelen nutrirse las tensiones geopolíticas de los Estados.

Fuente: Eurostat
Para la OCDE la causa fundamental de la mísera inversión empresarial que padece el conjunto del mundo tiene su raíz en la incertidumbre política, aunque de soslayo, no deja de documentar algo que puede ser también trascendental: el comportamiento empresarial parece haber cambiado a lo largo de estos últimos años, al punto de que ya lo único que se busca es la acumulación de efectivo, la satisfacción del pago a los accionistas y el logro del mayor de los retornos en el plazo más corto posible. Cosas que distarían mucho de lo habido tiempo atrás, antes de las múltiples crisis que se han ido padeciendo, o de aquellas épocas en la que aún reinaba la llamada economía industrial, muy distinta por supuesto a la economía digital que hoy nos gobierna.

Fuente: OCDE. Economic Outlook
Que las nuevas generaciones anden así manifestándose por todo el mundo sería por tanto de lo más lógico, ya que según se expresa ni los bajos tipos de interés, ni las propias bajadas de impuestos corporativos, o la creciente solidez de la rentabilidad empresarial parecen haber sido capaces de modificar los comportamientos señalados
Puede que de la incertidumbre política o que el temor a cualquier imprevisible situación, cambio o regulación consiga explicar lo observado. Sin embargo, también cabe la posibilidad de tener que enfrentarnos a cosas mucho más inquietantes, como la creciente concentración del poder financiero y tecnológico en manos de unos pocos con la centralización del dominio de la economía global en unos escasos nodos, plazas y actores.
Curiosamente, y bajo un contexto así, el Parlamento canario abordaba a finales del 2025 un estudio sobre la revisión del particular régimen económico y fiscal (REF) de las islas señalando que las importantes distorsiones que ha sufrido la economía canaria a lo largo de los últimos años (bajo crecimiento, escasa productividad, ampliación de las desigualdades, etc.) son ajenas a las medidas, ayudas e incentivos contemplados en el mismo. Puede que tenga razón, en cuyo caso lamentablemente encontraríamos que los problemas podrían incluso multiplicarse.
Si la seguridad y la certidumbre son los elementos que determinan hoy la inversión en el mundo, apostar por unas islas carentes de recursos y tecnología en las que cualquier prima de riesgo queda supeditada a la existencia de un particular régimen económico y fiscal, capaz aparentemente de distorsionar la competencia, favorecer más a los más favorecidos y limitar todo intercambio, no es el mejor de los escenarios. Y menos aún, cuando, de acuerdo con lo que se señala por el propio Parlamento canario, ni siquiera hay datos sobre los que fijar resultados o fórmulas que ayuden a justificar, controlar, medir y sopesar la validez y efectividad de cualquier medida, ayuda o incentivo que se pueda percibir u otorgar bajo el mismo.
Ante cosas así los debates centro-periferia o lejanía e insularidad pierden fuerza. La conclusión más plausible será siempre aquella que lleva a decir que es el cabildeo y la captura de rentas por parte de cualquier élite, grupo o banda el único baremo que explica con razón suficiente el estado de una sociedad y el fracaso de su desarrollo. Cuando lo de coge el dinero y vuela, o pilla sin reparo todo lo que puedas, se percibe como el lema que nos dirige cualquier circunstancia provoca lo imposible, al punto de hacer que al final sean las regiones y territorios en quienes menos se invierte, atiende y presta a las personas los que acaben revolviéndose y reconfigurando todo orden que se muestre incapaz de unir productividad, competitividad y bienestar.
Por el momento las cifras a las que he podido prestar atención son básicamente aquellas que se encuentran oficialmente disponibles y que alcanzan como mucho al 2024. Los datos coyunturales que se han ido publicando a lo largo del 2025 quizás consigan dar abrigo a nuevas esperanzas, viendo además que cara al 2026 la mayor parte de los organismos siguen expresando su confianza en la economía española pese a las incertidumbres existentes.
Sin embargo, no me atrevo a lanzar campanas al vuelo. Para expresarlo de la manera lo más simple posible, la economía española y por ende la canaria crecen impulsadas por un factor como el de la inmigración, y en base a la importación de una mano de obra relativamente barata, que las ayuda a seguir funcionando para sostener la fortaleza de algunos consumos como el turístico que se muestran incansables. Lo malo es que ello puede conllevar algunos vientos de cola que no son fáciles de controlar, como bien pudiera ser el de la vivienda y su accesibilidad. En cualquier caso, cabe imaginar que, como siempre y a la larga, los retos se pueden superar. Como bien dice el refrán para todo hay solución. Y ciertamente quizás pueda ser así.