Las desgracias del hambre
José Peñate. septiembre 17, 2025
La red mundial contra las crisis alimentarias del programa mundial de alimentos (PMA) ha publicado la última actualización del Informe mundial sobre crisis alimentaria. La hambruna está desatada en Gaza y en partes de Sudán, de forma que hoy casi 1,4 millones de personas enfrentan un hambre catastrófica en seis países y territorios.
Lamentablemente, y debido a las limitaciones de financiación, el PMA ha tenido que reducir sus operaciones de asistencia humanitaria. Los objetivos de personas bajo asistencia se han debido reducir. De 100 millones se pasado a 76 millones, lo que equivale al 25 % de las personas identificadas en este 2025 por la red mundial con necesidades urgentes de subsistencia. En especial, las mayores reducciones en tales programas se han registrado en Chad, Venezuela, Mozambique y Somalia.
Por otra parte, cabría considerar que parte de tales pérdidas de financiación anden siendo compensadas por otras organizaciones de muchas partes del mundo. Todo apunta a que todavía la solidaridad sigue creciendo en términos globales. En cualquier caso, para territorios en conflictos como los que resultan en la mayor parte de los situados bajo alerta el papel de las organizaciones que forman parte de la ONU, caso UNICEF, PMA, ACNUR, etc es fundamental.
Naturalmente, de entre todos los países a los que las organizaciones del sistema ONU amparan hay algunos, como bien pudieran ser los casos de Cuba o Venezuela que tocan de lleno el corazón de los canarios. El gran problema es que apenas hay excusas que valgan para con los mismos. Los lamentos políticos que acompañan a los dirigentes que controlan tales territorios no tienen por supuesto ninguna justificación. Ni sus llantos antiimperialistas, ni sus dolientes plegarias antisanciones, explican los malos gobiernos y los estados de miseria en los que anda sumidas sus poblaciones. La peor de nuestras desgracias ya no es que el hambre nos ande creciendo, sino que encima sea utilizada desde muchos ámbitos como arma política para explicar lo inexplicable o esconder las propias maldades.